A Mosfilm: 90 anos de cinema russo (e soviético)
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A Mosfilm: 90 anos de cinema russo (e soviético)

Luiz Zanin Oricchio

13 de novembro de 2014 | 17h19

Fundada em 1924, ano da morte de Lênin

Fundada em 1924, ano da morte de Lênin

Fundada em 1924, ano da morte de Lênin, a Mosfilm sobreviveu a Stálin, à Guerra Fria, ao fim da União Soviética. Sobreviveu até a Ieltsin. Continua forte e atuante até hoje, sob Putin. A grande empresa russa de cinema é objeto de homenagem em mostra da Cinemateca Brasileira, que vai até o dia 19, apresentando dez filmes produzidos sob a égide e selo da Mosfilm. A homenagem aos 90 anos da produtora é iniciativa da Cinemateca Brasileira e do UMES (União Metropolitana dos Estudantes Secundaristas). Os filmes serão mostrados na Cinemateca, com entrada franca.

A ideia foi incluir nesses dez longas-metragens representantes das várias fases da empresa, escolhidos entre os mais de 2500 longas produzidos em sua longa vida. Teremos assim clássicos como Linha Geral, de Sergei Eisenstein, típico exemplar dos inventivos anos 1920, ao lado do recente Tigre Branco, de Karen Shakhmazarov, de 2012. Este filme abre a mostra, hoje, na Sala Cinemateca.

Os filmes refletem as diversas fases do cinema soviético e russo e suas relações com as transformações históricas do país e do mundo. Linha Geral, parceria de Eisenstein e Alexandrov, espelha a liberdade criativa (de curta duração) de que os artistas usufruíam no período pós-revolucionário. O tema desse filme é a coletivização da agricultura. É contemporâneo de obras-primas como Encouraçado Potemkim, o clássico de Eisenstein, e O Homem e sua Câmera, de Dziga Vertov.

Em títulos posteriores, como Lênin em Outubro, de Mikhail Romm, será possível notar a mudança de tom. A liberdade formal já fora substituída pelo “realismo socialista”, com ingerências tanto na escolha dos temas como da linguagem cinematográfica empregada para tratá-los. Sob Stálin, a censura ganha força e os artistas perdem a liberdade de criação que fora um dos esteios utópicos do ideal revolucionário.

Com essas amarras, mesmo assim, muitos filmes continuam a ser feitos, como são os casos de As Seis da Tarde, Depois da Guerra, de Ivan Pyryev, e Primavera, de Grigori Alexandrov, o mesmo parceiro de Eisenstein em A Linha Geral. São, ambos, representantes dos anos 1940. Dos anos 50, há o exemplar de um mestre do cinema, Pudovkin, com seu Tempestade sobre a Ásia.

Das décadas seguintes, chega o muito falado e pouco visto (no Ocidente) O Fascismo de Todos os Dias, de Mikhail Romm, e a comédia Doze Cadeiras, de Lionid Gaidai. Em 1995, ano do centenário do cinema, Doze Cadeiras foi eleito a melhor comédia russa de todos os tempos.

Por fim, há os representantes dos anos 1990, surgidos em ambiente adverso, com o fim da União Soviética e a trabalhosa restauração capitalista da nação russa. Tudo isso se refletindo na indústria cinematográfica e, claro, nos filmes que dela saem. Desse período, além do já citado Tigre Branco, há Sonhos, do diretor Karen Shaknazarov, em parceria com Alexsander Borodyansky. Shakhnazarov é presidente da Mosfilm desde 1998.

O vice-presidente da empresa, Igor Bogdasanov, estará em São Paulo para acompanhar a mostra e participará de debate dia 14, às 14h, na Rua Coronel Artur Godói, 218, Vila Mariana.

Serviço             

MOSFILM – 90 ANOS

13 e 19 de novembro

CINEMATECA BRASILEIRA

Largo Senador Raul Cardoso – 207

Entrada gratuita

Adendo.

Fui ontem à abertura da mostra e assisti a Tigre Branco, de Karen Shakhanarov, cineasta que é também presidente da Mosfilm. Fiquei impressionado com o filme, tratamento original de uma história passada na Segunda GuerraK em seu final, quando um tanque “fantasma” alemão assombra o front russo. Há uma certa metafísica na caça obstinada ao tanque, promovida por um soldado. A referência a Moby Dick salta à vista.

Na volta para casa, fiquei pensando na familiariaridade e profundidade com que russos e alemães tratam o tema da guerra. Basta lembrar de Guerra e Paz, de Tolstoi, cuja versão cinematográfica, aliás, foi produzida pela Mosfilm. Ou em Thomas Mann, cujas duas grandes obras, Montanha Mágica de Doutor Fausto, são tocadas pelo tema da guerra e suas consequências. Ou em Clausewitz, para quem a guerra nada mais era do que o prolongamento da política por outros meios .

Pesquisando, achei uma interessante entrevista de Karen, em espanhol. Tirando uma visão que me parece um tanto ingênua de Nietszche, achei-a interessante.

Leia abaixo:

Por Karen Shaknazarov (*)

El tigre blanco (Belyy tigr) de Karen Shaknazarov (Krasnodar, 1952), una película fantástica ambientada en la Segunda Guerra Mundial que mezcla historia, filosofía y lo sobrenatural, se sumará a la larga lista de nominados para el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa en el 2013, que se dará a conocer el 10 de enero de 2013.

El director, que también lo es de los mayores estudios de cine de Rusia, Mosfil, habló con Joanna Kozlowska para The Moscow Times sobre su nueva película, lo místico en el cine y la lucha por establecer una industria cinematográfica nacional.

 

– El tigre blanco no es la típica película de la Segunda Guerra Mundial, sino una historia, que a menudo se aproxima a lo místico, de un soldado que se propone derrotar a un tanque alemán. ¿Por qué escogió este ángulo para su película?
– Tuve la idea leyendo un relato corto de Ilya Boyashov titulado “El tanquista, o el tigre blanco”. Lo escogí simplemente porque me pareció interesante, algo que, creo, hacen la mayoría de los cineastas. El sobrenatural “tanque fantasma” de los alemanes, el Tigre blanco, me recordó en cierto modo a Moby Dick de Melville. Y con todo, creo que puede sostenerse que la película sigue siendo realista. Muchas escenas, como la de la capitulación alemana y el banquete subsiguiente, están basadas en los relatos de algunos de sus protagonistas. Yo diría que el elemento sobrenatural ayuda a hacer la historia más universal. El Tigre blanco no se refiere exclusivamente a la amenaza militar alemana en los cuarenta. La ideología nazi sobrevivió y goza de buena salud: abundan los movimientos neonazis, la filosofía de Nietzsche aún se considera “respetable” y se enseña en las universidades de ese modo. Muchos aún mantienen que el vínculo entre Nietzsche y Hitler es muy débil. Personalmente creo que si uno lee el Anticristo de Nietzsche se da cuenta de que el nacionalsocialismo no surgió de la nada. De ahí surgió también la idea del final de mi película: aunque los compañeros de Naydenov tratan de convencerlo de que la guerra ya ha terminado, él sabe que conviene permanecer alerta.

Así pues, Ud. estaría de acuerdo en decir que El tigre blanco continúa la tradición “mística” cinematográfica de Tarkovsky, Fellini…

Fellini fue probablemente el director que más me influyó. En mi opinión, lo que la gente llama “misticismo” en realidad se trata más bien de un cierto tipo de misterio. La palabra misma procede del término “misterio”. Siempre me pareció que la vida misma es algo misterioso, que lo que se asume racionalmente está, siempre, limitado. Una buena obra de arte tendría que capturar justamente esto. Por eso me encantan Fellini y Buñuel.

– El Hitler interpretado por Karl Krantzkowski es poco habitual en el cine. Con frecuencia se retrata al dictador nazi como un fanático. En su película aparece frío, reservado, calculador.
– Creo que se acerca mucho más a la verdad histórica. La tendencia de caricaturizar a Hitler, retratarlo como un payaso, obscurece la peligrosa continuidad de sus ideas y su política. Un payaso nunca habría sido capaz de conseguir semejante poder ni crear semejante maquinaria de guerra y cometer semejantes atrocidades. Hubo de ser un político hábil, de sangre fría. Por lo que respecta a Krantzkowski, sabía que tenía que contratar a actores alemanes. Estaba fuera de toda duda. Quería que los alemanes hablasen alemán y que su alemán sonase absolutamente natural.

– Ud. ha declarado que las películas bélicas son el género más difícil de dirigir. ¿Por qué?
– Las razones son puramente prácticas. Ningún otro género requiere tanto esfuerzo físico e incorpora tantas escenas de masas. Por supuesto, me refiero a las películas que muestran secuencias de batallas. Una película en la que dos personajes conversan en una habitación también puede ser cine bélico de manera perfectamente legítima.


– Ud. es el director general de Mosfilm desde 1998. ¿Cómo cambió la industria cinematográfica rusa desde entonces y cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrenta?

– Creo que en los noventa tuvimos que empezar desde cero. Literalmente tuvimos que reconstruir nuestra industria cinematográfica desde la nada. Lo más importante fue convertir a Mosfilm en un estudio cinematográfico moderno, introduciendo todo un abanico de tecnologías de post-producción cruciales. Los efectos especiales por computadora o la producción de sonido digital llegaron a Mosfilm a finales de los noventa. Creo que ahora nuestra industria cinematográfica está a la par con la mayoría de países europeos. Hollywood es, por supuesto, una historia completamente diferente, pero no estamos peor que Francia o Italia.


– ¿Qué rol le gustaría que tuviese el cine ruso moderno?

– Nunca lo he pensado, sólo quisiera que se continuasen haciendo películas a partir de aquel material que me parece interesante. Por lo que respecta al cine ruso actual, en Mosfilm estamos contentos con trabajar con cualquiera que tenga una idea interesante. Con todo, creo que de algún modo habían un mayor impulso artístico en la Unión Soviética que actualmente. No es sólo un fenómeno ruso. Piense en los directores italianos de los sesenta y setenta: Fellini, Antonioni, Pasolini… Quizá sea sólo cómo el mundo de la cultura ha evolucionado.